Una película sin final

hikikomori
Si alguna vez tuve la esperanza de que un día se terminara la persecución de mi ex marido y esta angustia de no saber que va a pasar con mis hijos debo decir que, si me pasó, fue un sueño de verano.

Cuando la Corte Suprema argentina dio por tierra con la pretensión de JD de llevarse los niños a Francia por cierto sentí un gran alivio y por un momento tuve la ilusión de que podríamos llegar a un acuerdo, ilusión que duró menos que un suspiro

Fracasada su intentona de quitarme a mis hijos en castigo por haberme resistido a su esquema mental machista y violento y a sus tácticas psicológicas luego se vino con el subterfugio de la ampliación del “régimen de visitas” que ya relaté en otra entrada, para lo cual contrató a una abogada “especialista” que intente persuadir a los jueces de que lo dejen llevarse a los chicos de “vacaciones” a Francia. Por supuesto para no traerlos nunca más escudándose en la sentencia francesa que lo favorece.

Ahora en vista de que su avivada no tiene muy buen pronóstico se vino con otra: pretende que se ejecute en la Argentina la sentencia a su favor que obtuvo en Francia, país que, como dije, tiene como política de estado retener a cualquier costo los niños franceses en su territorio por dos motivos: el envejecimiento de su población y la avalancha inmigratoria procedente de África y de los países árabes, que ya representan un importante porcentaje de su composición demográfica y en unos años más la igualarán.

En el curso de este nuevo  ataque judicial  se produjo una importante novedad que me despierta mucha preocupación. La señora jueza que entendía en la causa se jubiló y fue reemplazada por un suplente cuya actuación me genera serias dudas sobre su imparcialidad, razón por la cual mi abogado lo recusó para que se aparte del expediente.
En breve relataré el episodio judicial que despertó mis sospechas sobre el juez y que fue el primero que me abrió los ojos sobre algunos aspectos de este asunto que luego resultaron realmente sorprendentes porque me revelaron la dimensión de los intereses en juego que provocaron la irrupción desembozada de la política al más alto nivel en la lucha por mis hijos. Hasta ahí yo pensaba que lo mío era un asunto privado exclusivamente judicial con esporádicas injerencias diplomáticas. Estaba totalmente equivocada.